la repetición

Con los pies llenos de arena el escritor sale de la playa por los oscuros peldaños de la escalera, preocupado de no pisar las algas que se llenan de sol y desprenden su humedad, avanzando acaricia un bote descascarado, gira y se detiene, vuelve su mirada hacia el mar. Con los ojos cerrados imagina el mismo paisaje que tiene frente, escucha como ladran los perros y una voz cantando.

Los sonidos que escucha y las imágenes que se reflejan hasta sus ojos lo hacen imaginar, le dicen que nada es cierto, ni su sombra, ni siquiera sus vísceras existen, el vive dentro de si mismo, en un mar rodeado de melodías tétricas y ritmos cada ves más acelerados. Vive rodando por los cerros, encontrando plantas mágicas que luego pasaran por sus labios, sus dientes, lengua y saliva, desplazándose por su garganta hasta el estomago oscuro, y luego un viaje infinito por todas sus partes y otra ves las voces, los sonidos, las imágenes, los ojos cerrados por el miedo de encontrarse en medio de un lugar más oscuro, y con los brazos abiertos avanzando, hasta caer y dormir.
Al despertar y ver los corpúsculos blancos brillando se llena de una energía, la energía del mar, piensa que todo se renueva y es capaz de avanzar de nuevo, sabe de los engaños y cree que no le importa, entonces se dedica a lo básico, encontrar alimento es sencillo, está pegado en las piedras, el mar sabe compartir sus frutos, se llena las manos de cholgas, choritos y chanchitos de mar, vuelve a su cueva, saca una olla y la llena de una partecita de océano y prende fuego, luego solo queda esperar, el estomago ya tiene algo para imaginar, solo queda esperar, renacer.

Al subir las escaleras se encuentra el pueblo de Cocholgüe, primero vienen los botes, luego las casas y los pasajes por dentro de los patios, siempre cuando uno pasa por ahí debe saludar a todos, aunque solo respondan los perros.

Las personas que viven allí son pocas y reservadas. Tienen la tierra con sus frutos, el mar y a ellos mismos. Es hijo de esa tierra, de un rincón, a pesar de haber desaparecido muchas veces, siempre sabe encontrar su lugar, es en la playa, donde las olas desgastan las rocas y forman huecos extraños, dentro de uno se acomoda él, imagina su madre, se siente un ovario desprendiéndose de su pared enamorada y girando con un espermatozoide, renaciendo, siente los brazos de su madre, al sostenerlo en su pecho al nacer. Allí vuelve algunos atardeceres, a recordase.

Su manera de convivir es inusual para los hombres de ciudad, pero aquí en esta tierra nada es extraño, el no sabe distinguir recuerdos de imaginaciones, saluda a todo lo que desea, las plantas son sus amigas, las enamora, les mueve la tierrita y regalonea, a las vecinas les saca hojitas de cedrón y se duerme en sus techos, las invita a pasar y mirar el cielo avanzar, la tierra avanzar, las nubes avanzar, y el tiempo lleno de olores dulces.

Tiene amigos que cree imaginarios, y más vive cantando que conversando, su piel esta curtida y a veces anda con el cuerpo pintado con los colores de las flores y el barro.

Comenzó sumergido en una conciencia que lo tortura por siempre, la conciencia sobre la muerte, pensar en ella, vivirla cada día, antes de la fecundación, la muerte de miles de sus hermanos, sin sangre ni gritos, solo la desesperación de querer olvidar todo rápidamente, y nueve meses pasan tan rápidos como lentos, sentir cada partecita mutando, matando nuevamente lo que era, renaciendo siempre, desaparece la cola, aparecen las extremidades y el sexo.

Al salir de su madre se siente otra vez extraño, pero contento del calor extraño, las cosas siguen cambiando, aparece el padre, el extraño hombre que lo ama, lo cuida.

Con la muerte del amor de pareja siente que no se puede seguir avanzando, ver a su mamá llorando y a su papá otra vez gritando, no puede hacer nada.

La muerte parece no importarle.

(Una voz)

Gritaremos!

Una palabra que avanza hasta liberarse

Destruir i Construir

Las vísceras digiriendo

Una mirada con recelo hacia los lados, miedo a encontrar un culpable, pero no existen.

Recuerda a su madre y todas las mujeres convertidas en poemas inalcanzables.

Y su padre, otra vez, escribiendo, dibujando, en silencio describiendo algo inexistente, las letras rojas, las hojas rojas de una amapola vista desde arriba en el suelo café.

Su amigo preferido le dice que se adentren otra vez en el mar, es tiempo de desaparecer por algún momento, se acerca a un bote, juega con las olas en la orilla, mira las mujeres en la arena y más arriba otras en las casas, se sube al bote, su amigo canta, el escucha sin entender nada, solo disfruta los sonidos, se adentra remando, avanzan, en busca de alguna isla dentro del mar, y en alguna parte se mira reflejado en el mar, ve su propio rostro de niño, y se lanza a nadar, a bucear, a hundirse en lo más profundo, cantando mientras desaparece, mientras se prepara a encontrarse con esa isla, la isla donde todos viven para siempre y cada parte es parte de todo.

Mientras un pájaro vuela transformándose otra vez.


































Al salir del fondo del agua se da cuenta que todo es igual de oscuro, ya sobre el bote casi desesperado dice:

Debajo había muchas cosas, y todavía están ahí.

Vi dos personas o sea una, le dije: Hola, ¿Cómo estás?

Me dijo: Hola, bien y ustedes.

Le respondí: ¿Nosotros?, tu bien y yo también, ¿y ellos?

Me sonrió diciendo: ellos son nosotros, o sea yo y tú,

Ellos son un reflejo o sea yo.

Y comencé a conversar solo,

Me salude, fui amable y me retiré.

Estamos solos,

Estoy solo,

Hablo solo.

Y todo lo imagino,

Me imagino

Y estoy solo,

Estamos solos.

(La voz)

En un momento:

Todo

*es

*son

*fueron

*serán

*somos

*son

recuerdos y olvidos


y nada más después.